La hoguera de las vanidades

Siempre he amado la Literatura. Mis recuerdos infantiles están llenos de animales, instrumentos musicales y libros. Es muy fácil acabar leyendo cuando te crías rodeada de adultos, siendo la pequeña de dos, y cuando el primogénito te lleva mas de diez años. Mucho más si no tienes oído musical.

Los libros hacían que no me sintiera sola, al principio acompañaban mis tardes de primavera y las mañanas de verano. Yo  hurgaba en la biblioteca de mi tío abuelo, me gustaba investigar… nunca hubo libros prohibidos así que aprendí a leer de todo.

 Jamás leí por ilustrarme, ni siquiera por aprender a escribir, leía porque leer hacia que no me sintiera sola.

 Después leer  me reconciliaba con mi naturaleza,  cuando encontraba la similitud ante cualquier personaje, desdela Aliciade Carroll de mi niñez hastala AnaOzoresde mi juventud, cada una de ellas, o de ellos me daban las pautas para seguir viviendo

Necesitaba leer como respirar porque necesitaba habitar otros espacios, otros mundos, otras realidades.

Esta tarde les oía hablar;  estaba triste, porque a veces la tristeza me habita como a casi todo ser humano, y no porque me duela vivir como diría alguien amado del 98 ante la crisis,  sino porque los dolores cotidianos también son terribles.

Aquellas  palabras sonaban a literatura y a comentario de texto de los ochenta. Pensé que se puede hacer un comentario más valioso que cualquier obra, que si nos ponemos a hurgar  sacamos las perífrasis, los hiperbatón, las metonimias y las imágenes con sentido… con extensión y espacio , claro que sí, el mundo de escarbar  en las obras está lleno de improntas ficticias literarias… y de palabras, benditas palabras…

Alguien citó a Borges, y más tarde a Unamuno, a la Nivola, después a Javier Marias, a Macondo…

¿Cuantos Macondos caben en un club de lectura?  Soy incapaz de tocarlos con el bisturí del análisis…a Gabor sólo puedo mirarlo desde la planicie de la lectora y la vaguada de la admiración.

Dos horas explicando una metáfora única, una novela escrita a vuela pluma sin razón ni mesura. Un dejase llevar…

Una novela sin andamiajes ha dicho alguien con más de siete años de facultad de cualquier cosa…  mi mente pragmática ha descifrado una novela sin estructura….,  Y la mayoría ha aplaudido al autor.

Me ha recordado tanto a ese cuento de Andersen

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