“A ti no te quería una mujer a mí se me moría una ciudad”

Quizás  fueron las Pléyades con su lluvia de átomos luminosos  surcando el cielo, tal vez la responsable fue la Luna, en cuarto creciente y en  agosto. Puede que la naturaleza primitiva de Liliht que no sabe renunciar al pecado,  o   el licor que mezcló espíritus polacos, españoles, escoceses, cubanos en una amalgama de tentaciones para los sentidos que consolaba el alma, curaba las heridas y borraba cicatrices.

Quizás era la conjugación de los planetas con la constelación de Tauro pasando por Andrómeda que siempre nos pone alerta con la sensualidad a piel de piel,   o el levante que escoraba  a poniente con una promesa de frescura y  con una alerta de lluvias torrenciales.

Ocurrió, pasó, las estrellas estaban alineadas alrededor de Venus, según se mira desde el Sur del Hemisferio Norte

“…Y sin equivocaciones  de vodevil ni alertas rojas en el corazón.

El dios de la tormenta quiso abrir  la caja de los truenos

y tronó:”



2 respuestas a “A ti no te quería una mujer a mí se me moría una ciudad”

  1. caberna dice:

    Siento mucho, amiga, que se te muera una ciudad, aunque lo bueno de las tormentas es que siempre después viene la calma.
    Bonita entrada…
    Un beso

  2. Africa Puente Cristo dice:

    Se me muere y se me vive amigo Caberna , ya sabes. Muchos besos por estar siempre ahí.

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