Feria 2010

Agosto volvió a Ceuta llenito de levante;  farolillos, volaores, corazones de pollo aliñados y cazón en adobo. Con un Real de Feria que se rompe en ganas de alegrar los rincones más melancólicos  de los ceutíes , que desprende  ilusión en esa “Fiesta” igualitaria como la canción de Serrat  haciéndonos creer por una semana que todo se olvida, todo se  comparte mientras haya rebujito y risas, mientras  los volantes de los trajes corten la madrugada trazando piruetas  de colores.

Agosto me ha pillado trabajando y la Feria me ha encontrado haciendo horas extras.

Aún  así he bajado un par de días, nobleza y ceutismo obliga, y un verano que te empuja

a vivir la noche con la promesa de horas frescas cerquita del mar, con la luna que te anima a dejarte llevar por su luz, con la certeza de lo efímero de estos días y  las ganas de disfrutarlo mientras dure.

Me vestí de rociera y le llevé flores a la Patrona, lo malo fue el protocolo, iba con las asociaciones de vecinos y por una mala gestión , no sé de quien, nos dejaron para los últimos, con lo cual acabamos cerca de la madrugada después de muchas horas de pie. Creo que no es justo que La Federación de vecinos  que arrastra a miles de personas  en este acto se le condene a la retaguardia. Creo que es una falta de respeto por parte del Gobierno Local, y si fue negociado y pactado antes por los dirigentes vecinales toda una metedura de pata.

Eran más de la doce cuando terminamos ante una Plaza de África  semi vacía , con poco personal que nos esperaban  con el cansancio acumulado.

Mi vestido era muy bonito pero incómodo, una especie de traje tubo desde el pecho hasta la rodilla, marcando las caderas,  terminado en una verbena de volantes que saltaban ante  mis pasos. Entendí esa noche a las damas del diecinueve cuando dejaban caer el pañuelo y esperaban al varón a que se lo recogiera. Mi abanico cayó y esperé al varón de turno agacharse por  él. Yo,  dándole las gracias, siendo ya del veintiuno le expliqué que era imposible agacharme. Sentía  que era casi imposible respirar, al menos costoso, comer ni os cuento, imaginé mi carne compartiendo lugar con mis vísceras, todas replegadas en mi interior… A las cuatro de la madrugada llegaron a un entendimiento afable y una repartición de espacios, me dejaron bailar en la caseta popular.

Antes pasé por la actuación de Celtas Cortos, un lujo, el grupo, el escenario en el Parque Marítimo, íbamos sin cenar porque acabamos demasiado tarde de la Ofrenda y el concierto comenzaba. No me importó, la magia se produjo y una corriente eléctrica me nacía desde la planta de los pies a la cabeza, la música me reconciliaba con la vida y el olor a Dama de Noche ponía las notas aromáticas…

Bailamos  hasta el amanecer…

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