Segundas partes

 

Jamás creí aquello de “segundas partes nunca fueron buenas” porque a quién se le ocurrió ese argumento consiguió que la segunda parte de su novela fuera aún mejor que la primera. Siempre pensé que a Cervantes nada le salía bien y cuando profetizó aquello acabó  volviéndose en su contra  de una manera atroz.

Quiso ser un poeta y no lo consiguió, al menos la manera de la época de hacer poesía, odiaba las novelas de caballerías y escribió la mejor de todo los tiempos. No tuvo suerte en el amor, ni con el dinero, no sé si consiguió ser feliz, lo que si consiguió es que cada 23 de abril se lea su obra y se le recuerde.

Los críticos y los analistas de textos dicen que definió el alma humana en su Quijote, creo que todas las novelas definen las  almas  humanas, las llenan de matices contradictorios, al menos las buenas novelas.

Él hizo lo que debe hacer un buen novelista: vivir, pensar, reflexionar y dejarse llevar por lo consciente y lo inconscientes, la racionalidad y irracionalidad que les empuja  a escribir para exorcizar  los demonios del alma, entenderse mejor o simplemente para  seguir el impulso que  les obliga a teclear o a echar mano de la  pluma…

A mi me sedujo su “Licenciado Vidriera”, pero tampoco es nada extraño conociendo mi predilección por los locos.

A veces las segundas  partes pueden ser buenas, pero en muy pocas ocasiones, las mayoría de las veces no llegan  a malas, que les  daría ese halo romántico  perverso, sino que son simplemente mediocres, vulgares, un intento vano de aferrarse a un tiempo en que fuimos felices pero en el que no nos reconocemos  ahora, y el contrario ha cambiado para peor, como si una involución de personalidad lo hubiese devuelto a un antes de ti, pero más triste.

Por eso siempre he intentado avanzar sin mirar atrás, por aquello de las estatuas de sal y esas historias, pero la vida no es un camino recto donde haya un principio y un final, es un laberinto donde puedes pasar el tiempo intentando encontrar una salida.  Y en ese laberinto te encuentras a gente que compartieron momentos contigo que avanzaron en otro sentido y vuelves a verlos buscando: ellos su salida, tú la tuya.

 Incluso si estás cansada de andar te puedes quedar un rato pensando en  intentar la segunda parte…entonces descubres que aunque Cervantes se equivocó con respecto a él tenía más razón que un santo.

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