Juan José Millás

 

Venía a comentar su “Dos mujeres de Praga”, para el taller de lectura de la Biblioteca Municipal, y para dar una conferencia  después en el salón de actos del Ayuntamiento: basándose en su surrealismo y su  impresionismo contarnos su divina y terrible  relación con las palabras…

Todo un lujo para Ceuta teniendo en cuenta que éramos tan pocos y pocas.

 Me ha sentado mal el poco aforo, vale que mucha gente no suele leer y no tiene porqué conocer al novelista, pero al articulista de “El l País”, o el de los concursos literarios de la Ser…,  eso llega a muchos más.

Reconozco que esperaba un salón de actos llenos donde no cupiera ni un alfiler, y teniendo en cuenta que yo salgo tarde pensé me iba a tocar estar de pie viendo al maestro.

Pero no, como en familia,  así que he disfrutado hasta llorar de risa el tiempo que ha leído su conferencia.

Me ha firmado un libro que llevaba en el bolso, he sido la primera en asaltarle y agradecerle su “La soledad era esto”. Le he dicho que siempre me ha hecho muy feliz.

En el turno de debate, la gente le ha preguntado sobre el periodismo… a mi me ha hecho pensar. .. Nunca lo he visto como un periodista sino como un escritor que opina en los medios. Él no es un notario de la realidad como se supone que debe ser un profesional mediático, él ve más allá y desde otros prismas cuenta de la manera más subjetiva  lo que ve, eso es literatura .El periodismo es una realidad partidaria, desde mi opinión, pero no un juego de tiempos y espacios. Él se mira en los espejos para que la realidad le devuelva un imagen inversa. Desde la literatura hace periodismo, como podría hacer talleres o cine.

Es un creador de personajes:

Yo recuerdo a Elena, con una pierna sin depilar pagando a un detective para que la siguiera y le contara su vida, su encuentro y desencuentro con su madre, las vueltas hasta llegar a si misma.

Olegario guardando el bigote en el armario, sus crecepelos clandestinos con la china, su manía  de que los socialdemócratas se quedaban calvos…

Luz, mandando  a inventar su vida novelada mientras  su amiga busca el otro lado de las cosas, con un sentimiento zurdo tan potente que le lleva a negar su lado diestro.

Tantos personajes que me han hecho reir mientras sentía el drama de redescubrirse, encontrase y entenderse  a través de los espejos, de mirar la otra parte que jamás será real y es nuestra condena. 

Prisioneros de la imagen de los otros y de la fragilidad de nuestra imagen en una luna

Cuando habla Millás me recuerda a Lewis Carrol, a Valle Inclán, autores que desdibujaban la realidad y miraban los espejos buscando la imagen perfecta que se pudiera contar con palabras reales. Con palabras inventadas, desproporcionadas y certeras para quien tuviera la capacidad de adentrarse en el otro lado.

 Hoy Alicia ha atravesado  nuevamente el espejo, y ha vuelto convencida que los dos lugares, el reverso y el anverso son buenos para vivir.

 

 

 

 

 

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