Como una novela de Mendoza

 

 

Pensé  que el Comisario Flores sería así de haber nacido en Marruecos. Carmen hacía de intérprete de francés mientras los tres mirábamos al Comisario  Flores secarse mil veces el sudor.

Hacía calor,  casi veinticinco grados en  aquella tarde mayo para que el Comisario Flores anduviera con camiseta, jersey  y chaleco. Fue amable, él y el que no hablaba francés,  que me llamó madame y me sacó una silla con respaldo y cojín… 

Yo andaba atenta a las palabras que comprendía, porque el francés marroquí y  el español me resultan cómodos y fáciles  de entender. Descubrí que el Comisario  Flores coqueteaba ligeramente con Carmen, mientras ésta le preguntaba una y otra vez por el coche.

Su ayudante sacó un blog, una libreta de tamaño folio y con rayas para que la letra no se vaya a otro sitio; manuscrito, donde explicaba de la manera más absurda cómo Fernando se había estampado contra un camión una noche en una carretera de Marruecos. Tenía un croquis… y le decía a Carmen en árabe,   que estaba todo  muy mal, el coche muy mal….

La comisaría estaba pintada de gris, las paredes y las puertas. Monitores de pantalla plana esperaban ser encendidos alguna vez, el Comisario Flores leía el blog  y traducía  en francés.

Carmen nos traducía en español.

Fueron amables, el Comisario Flores volvió a coquetear con Carmen alabando su francés, mientras curioseaba su escote y sus muslos.

Yo me perdí en las novelas de Eduardo Mendoza esperando ver aparecer al loco que resolvía casos difíciles y abría puertas.

Fernando nos habló del doctor Sugrañes, que lo atendió  con media calva, en la parte izquierda y sin una oreja, la izquierda. Desee profundamente no verlo aparecer en aquella comisaría.

Carmen explicaba lo inexplicable:  un camión andaba atravesado en una carretera donde no había luces en medio de la noche. Aún así el Comisario Flores preguntó si Fernando iba bebido. Carmen le dedicó una mirada francesa que lo dejó helado en medio del calor.

Juan esperaba tranquilo, sintiendo como yo que su presencia era necesaria, envuelto en palabras que probablemente no entendía…

Había fotos de gente buscadas, no sé si por delinquir o por desaparecer… eché de menos a un gendarme tomandonos  declaración con una máquina de escribir antigua mientras tecleaba con dos dedos…

Me faltó el calabozo, la señora de la limpieza dando su opinión, el humo rebosando en la estancia pequeña y el olor a güisqui barato, pero no sé puede tener todo.

Me hubiera gustado ver a alguna Cándida esperando ser liberada a pesar de estar detenida por peligrosidad social…

Una respuesta a Como una novela de Mendoza

  1. Santiago dice:

    No nos dejer con la miel en los labios. Continua; aunque sea en pequeñas “diócesis”.
    Un beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: