Brujas

 

 

 

Después de comer, televivas nos ha redifusionado la Mesa Redonda de” Feminismos y religiones” .

 En la sala de estar, mientras  ya sin nervios, cómodamente oía a cada ponente expresarse y plantear los machismos,  lo que aún nos queda por hacer a  las mujeres,  iba sintiéndome  hermana de una filosofía universal, como la definía Suad el Haddri: El feminismo no es producto de Occidente, no lo inventamos nosotras, las mujeres burguesas del primer mundo,  sino que fue algo que desde que la humanidad perdió el norte sometiendo a su mitad vive en los refugios mas ancestrales del alma femenina. Una revolución incruenta y viva.

Como Suad hablaba de la Edad Media, yo me dispersé por un libro de relatos donde dos autoras, excelentes,  nos narran la realidad de las mujeres en el Medievo en España, desde la puta a la reina, pasando por la intelectual, la tabernera, la religiosa… recordé lo que tenemos de común las mujeres y cómo siempre hemos buscado la salida ante  la injusticia de un sexo dominando al otro.

Tengo una mente dispersa, y una cosa llevó a la otra,  recordé a Marvin Harris y su “Vacas, cerdos, guerras y brujas”  me quedé pensando en las brujas, mujeres que conocían el poder curativo de las plantas, que hacían de parteras subían  la leche y la retiraban ,  enseñaban trucos de fecundidad y propiciaban plantas abortivas.

Controlaban la concepción, vivían de sus propios recursos e investigaban como autenticas científicas con un modelo empírico creyendo en la Madre Tierra. Su poder era enorme, porque sabían  oír el cuerpo de las mujeres y suavizaban los dolores de todas las criaturas.

Eran libres.

Curanderas sabias. Aliviaban la tos con miel y limón,  el dolor de barriga con yerbaluisa, la diarrea la cortaban con agua de arroz, calculaban los ciclos de la luna para saber cuándo nacería el bebé , aliviaban el dolor de las menstruaciones, sabían escuchar , llorar y amar, eran tan solitarias y libres que aquella iglesia no pudo permitirlas.

Las quemaron.

Antes las hicieron firmar sus abominables crímenes bajo tortura, y las hogueras sumieron  en un espectro de ignorancia  el  aire de aquellos que tenían miedo.

Mártires del machismo, a las que nadie aún  han  pedido perdón. Mujeres libres que fueron condenada ante la osadía de vivir por si mismas.

Esta noche, que hay quienes  piden  perdón por la pederastia, por haber expulsado a los judíos y moros de España, por la antigua memoria histórica,  me gustaría saber si alguna vez se han planteado pedir perdón por aquellas mujeres.

Encarceladas, torturadas y quemadas por vivir en libertad, por conocer los secretos de la Tierra y ayudar a otras mujeres.

Quizás es el tiempo de devolverle su lugar.

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