Carnaval

 

Mañana estrenamos semana y mes. Febrero nos nace este 2010 llenito de lunes, con la promesa de ser el mes más corto e inestable del año y sus notas de cuplés y pasodobles.  Volverá el carnaval a romper la monotonía del invierno y a recordarnos que tenemos que disfrutar hasta el cansancio antes que llegue la Cuaresma. Luego dirán que somos laicos.

La verdad es que no tenía ganas de fiestas, bueno de fiestas tengo ganas siempre, quizás lo que no me apetecía  era salir de nuevo con el grupo recorriendo las calles y empezar a hilvanar los trajes, que como casi siempre ganamos el primer premio de grupo,  cada vez son más recurrentes y difíciles.

 El trabajo de un mes dando puntadas y pegando lentejuelas y dorados…

Estaba vaga para coser.

Pero quién se niega ante el entusiasmo de las amigas, que te compran la tela, los accesorios y te dicen como tienes que ir y cuando salimos. Además lo plantean todo tan fácil que te sientes egoísta por no compartir el proyecto.

Así que ayer, quedamos en el local social para cortar la tela, no diré ni el color ni la forma, puesto que hace un año juré ante el dios Momo que jamás revelaría el secreto del disfraz. María y Mercedes le daban vuelta a los patrones, Ana canturreaba con la máquina de coser y yo pasaba el hilo (trabajo que le dan a las más torpes costureras). No estando demasiado convencida.

A los diez minutos llaman a la puerta, los chicos y chicas de una comparsa que ensayan en el local, gente joven de pantalones caídos, piercing y pañuelos palestinos de colores. Los miraba, entre puntada y puntada,  repasar las letras leyéndolas en voz alta… Pero al primer pasodoble reaccioné, en el  cuplé me entregué y ya en  el popurrí me pilló deseando estar en el Siete Colinas. Me salió la vena chirigotera que tenemos algunas ceutíes, y me entusiasmé   pensando en noches de actuaciones, mejilloná, cabalgata…

No soy gaditana, supongo que es la herencia genética  o las historias de mi padre que vivió el carnaval hasta que el franquismo se lo arrebató, y quizás por ello lo recuerda siempre con nostalgia. Pero es que en el primer piropo a Ceuta ya se me eriza la piel, y en cuanto  tocan el pito de caña ya llevo el compás.

Así que mucho me temo que otro año febrero me pillará hilvanando carnaval y esperando que alguien bueno me consiga las imposibles entradas del Siete Colinas.

 

2 respuestas a Carnaval

  1. Arturo dice:

    Las entradas nadie te las puede conseguir, ya que en esas cosas hay mucha seriedad (jajaja)

    Paseando por Ceuta

  2. caberna dice:

    Cuando me hablais los o las ceutíes del ambiente de carnaval en mi pueblo, me siento extraño, raro, casi extranjero. No llegué a conocerlo, pues abandoné Ceuta antes de que empezara allí a oirse de nuevo el pito y la caja y el bombo y seguro que me sentiría rarísimo ahora. Me alegro mucho de que tengaís un buen grupo.
    ¡¡Feliz Carnaval!!

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