Niños de la calle II

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Ha venido a vernos, yo no  tenía que andar en la sede, pero como tenemos los actos del 2 de septiembre, el día de la Comunidad  de Ceuta, que nos dan la medalla de la Autonomía, pues andaba arreglando las cuestiones protocolarias: Que si las invitaciones, que si mandar a todos y todas en su tiempo, que si confirmar quien nos arropará ese día.

Sé que para muchas de mi ONG esto es banal, lo importante es la ayuda diaria, pero tambien sé que las formas son necesarias en este mundo. Así que yo intento conjugarlas.

Y aparece alli, pequeño, uniformado, sonriente, le deseo Ramadan Murabak y esponja sus ojos como mis gatas cuando son felices. ¡Sonríe tanto!, me mira fijo y no recuerda el  reloj como cuando lo conocí. Le pregunto por él: está bien, trabaja en una cafetería del centro, tiene donde dormir y donde comer, se ha matriculado en FP para hacer hostelería. Nos reímos, se le nota la alegría a pesar del ayuno, y la tranquilidad en sus gestos…

Le pregunto qué quiere, y me dice vernos, que lleva viniendo desde siempre alli y no nos ve, que no ve a Paloma, ni a su maestra ni a mí, le explico que es agosto y todas andamos de vacaciones. Le digo si necesita algo y me dice que vernos, que nos echa de menos. Que le explique como es el Instituto donde irá, qué gente hay, cómo estará…

Lo tranquilizo, le digo que es un Instituto como otro cualquiera y él sólo tiene que estudiar y aprender…  Le enseño un almanaque de mesa, le explico en el día que estamos y cuando volveremos todas. Me extraña su español precario después de cinco años tutelado por la Ciudad. Y me dice “no me gusta agosto, quiero que sea septiembre” “No estáis ninguna” como la madre que soy le cuento que aunque no estemos él tiene las necesidades cubiertas. Y me dice que sí pero que nos echa de menos: la dulzura de Paloma, la alegría de su maestra y el pragmatismo mío (el lo llama hacer lo que hay que hacer hablando con la gente). No lo achucho porque es Ramadán y él se siente mayor, pero sé que la pirámide del señor ese está casi en la tercera fase.

Se va feliz, con un calendario de bolsillo donde le he señalado el día que todas volvemos, ha contado varias veces los días que faltan para que andemos todas.

Y yo, mientras guardaba las invitaciones para el acto de la Autonomía pensaba que la medalla la llevamos puesta, que tiene su aquel que te reconozcan en público pero nada comparable a estos ratos privados.

(Mucha gente me ha preguntado por él, cómo estaba y eso, gente de mi Norte, gente de Ceuta y os lo quería contar)

2 respuestas a Niños de la calle II

  1. caberna dice:

    Me alegro mucho de que los niños de la calle -al menos los que caen por DIGMUN- puedan tener un rinconcito afectivo donde cobijarse y personas que -como tú- hagan las veces de madre/amiga. Gracias en su nombre.
    Como vemos, la medalla está más que justificada y además, se queda corta.
    Enhorabuena desde el otro lado del mar.

  2. antonio fuentes dice:

    Estaré allí para arroparos con mi humilde presencia y aunque sea sólo un acto protocolario os deseo que sigaís en la misma linea que hasta ahora.

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