La tienda de los horrores

1093-la_escopeta_nacional- Cuando entré sentí frío, pero no le di demasiada importancia, la noche anterior había estado de hogueras y me sentía algo destemplada. El frío me iba llenando en aquella cerrajería, era algo extraño,  más que en la piel lo notaba en las vísceras, pero tampoco le hice caso.

Fui a hacer una copia de las llaves, y elegí el lugar más cercano al trabajo. Allí en pleno centro, frente al mar, con estatuas y flores adornando la calle, la calle donde me gano el pan y la alegría casi todas las mañanas. Allí hay una cerrajería.

Me quedé mirando la máquina de escribir antigua, posé mis dedos en ella y empecé a teclear…. El dueño se me acercó con ojos vidriosos y dientes afilados sonriendo a mi escote. “Tres copias de cada, por favor” le dije mientras abandonaba la máquina y miraba las paredes.

Estaba llena de cuernos, una de ellas, cuernos de animales, daba un aspecto de casa antigua de cacería, el dueño posaba en una foto rodeado de jabalíes muertos, con una escopeta y sonriendo afiladamente. Otro hombre lo acompañaba, con un machete, o un arma antigua, no sé, ni las conozco ni las entiendo. Más fotos: ciervos muertos, conejos muertos, pájaros muertos, sonrisas afiladas, cuchillos en las manos…. Cambié de pared, me dolía la muerte de tantos animales expuestas así, con ese sadismo.

En la otra había fotos del dictador, de cuando era más joven, de cuando era adulto, de mayor, vestido de uniforme, banderas con el aguilucho…. Una botella de vino tinto sin abrir con el título de Francisco Franco…, cruces gamadas, emblemas fascistas… empecé a temblar.aguilucho

El cerrajero, y su amigo del machete, se demoraban en hacerme las copias, miraban muy de cerca mi actitud en la tienda. Estaba sola con ellos, con los animales muertos y los símbolos fascistas.

Miré hacia otro lado: allí se exponían llaves, esposas, instrumentos de tortura, grilletes…. Un cinturón de castidad, oxidado y viejo. Grité, grité por dentro deseando huir. ..

Una mano viscosa me tendía las llaves, mientras una sonrisa afilada se posaba en mis caderas, me pringaba con su aliento y su presencia. Pagué sin discutir el precio.

Salí, el sol de la calle me devolvió el calor, la mañana me fue trayendo la templanza.

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4 Responses to La tienda de los horrores

  1. Franesco dice:

    Y seguro que esto no te sucedió hace 40 años… sino ayer mismo…

  2. Africa Puente Cristo dice:

    Ay Franesco, sucedió ayer mismo como dices y te aseguro que yo tampoco me lo creía.

  3. caberna dice:

    ¡Pero pordiosbendito, dónde te metes a hacer una copia de llaves!
    ¡¡Esa cerrajería está para cerrarla, como su propio nombre indica!!

  4. […] sería real. Andábamos descreídas con todas las cafeterías cerradas cuando me ha dado por mirar la tienda de los horrores, el dueño se ha acercado a preguntar qué hacíamos las dos bajo la lluvia, y yo decirle que […]

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