El Carrillo de Ramón

 

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Estaba en la cuesta de Varela, entre Haddu y Villajovita. (Avenida de Lisboa se llama ahora)

 Era un quiosco grande de obra que fue ganando espacio. A Ramón no le gustaba que le llamaran carrillo, pero era inevitable puesto que su inicio fue de chapas y con dos ruedas en los lados.

 El carrillo nació meses antes que a su dueño le llegara una niña fuera de tiempo y sin prepararlo, el carrillo fue culpable que la niña naciera de ocho meses ante la carrera de su madre, mientras la gestaba, con dos sacos de pipas para tostar subiendo la cuesta.

Cuentan que la niña se acunaba en sus paredes en un moisés de los de antes.

Allí era el punto de encuentro de los niños,los obreros, las marujas….  el hijo de Ramón huía del carrillo que lo apartaba del fútbol y los amigos. Sus ansias de cazar pájaros, buscar novias, oír los discos andaban por encima de aquellos pocos metros de ilusiones.

 Ramón creaba fantasías haciendo sorpresas, su niña, la tardía, se divertía ayudando a crear paquetitos: un chicle bazoka, unos cromos, algún vale por un tebeo antiguo, si tenías más suerte un balón o veinte duros. Indios y “americanos” de plástico, horquillas terribles que lucíamos las niñas…

 Sus amigas la envidiaban por crecer entre chucherias y ella se sentía extraña por que no le gustaban demasiado.

 En verano había helados, los famosos cortes de “Harillo”, los bombones deliciosos y los polos que no eran otra cosa que hielo con colorante. En verano había muchos cortes de luz y el congelador aparecía por la mañana como una piscina llena de colores y de texturas diferentes, Ramón ceñía el gesto y pensaba que una vez más estaba perdiendo mercancías. Calculaba las pérdidas, buscaba lo que se podía salvar y la niña rescataba los crocantis deformes para casa. No entendía la cara de su padre.

 En el carrillo la colonia se vendía a granel, el alcohol y la brillantina, tenían un medidor, que la niña aún conserva: dos pesetas, un duro, rellenaba la petición en un envase traído por una vecina.

Y las caseras, y los kiss, el sifón, todo se vendía reciclando el envase, costumbre terriblemente perdida con los años. La furgoneta de Weil rellenaba las cajas y se llevaba los envases vacíos para someterlos a la cadena de lavado.

El tabaco se vendía de contrabando, quizás ahí aprendió la niña el gusto por la trasgresión. Había una cajita, creo que de Colacao, llena de cigarrillos sueltos, y unos cuantos paquetes escondidos entre las pipas.

Un día vino la brigadilla y se llevó a Ramón por la posesión de la cajita de Colacao llenita de rubio de contrabando, lo ficharon y todo, sin descubrir que las pipas escondían más paquetes ilegales….

 De adolescente el carrillo  se llenaba de derbis, hormonas, amores y canciones en torno a él, los veranos rozaban la madrugada a su cobijo.

 Ya no está, aunque siguen nombrándolo los taxistas como referencia, nada se vende a granel, no hay contrabando de tabaco, Harillo no hace helados, las sorpresas no se elaboran manualmente, las pipas vienen tostadas y envasadas….

Ramón es mi padre, sigue vivo, afortunadamente y esta entrada es para mi hermano porque me la ha pedido.

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9 Responses to El Carrillo de Ramón

  1. Cuanta vida tras un simple café…

    Un fuerte abrazo para tu padre y gracias y fuerza a tu hermano por pedirte esta entrada…

    Besos.

  2. Africa Puente Cristo dice:

    Qué alegría de volver a verte diablo amigo.

  3. adrolpa dice:

    Y los bailes del Ceutí con los Barones, y las pipas en cucurucho, y los chicles bazoocas, y las canciones del Bar California que yo oía todas las noches desde el Asilo. Y la feria en el Morro con el Tata-Chim.
    Y mis mejores deseos para tu hermano.

  4. Milano dice:

    ¡Qué poco seríamos sin los recuerdos! Uno acaba pensando que los recuerdos son el armazón de las emociones y de los sentimientos… Un beso

  5. caberna dice:

    Ya casi había olvidado que “carrillo” en nuestra tierra es una voz única, inconfundible cuando la oyes fuera de Ceuta. Cuando nos vinimos en 1980, los amigos aquí, ponían caras extrañas al oírnos decir que íbamos al carrillo a por tabaco… Luego, el tiempo -que termina difuminando recuerdos e igualando formas de hablar y hasta de comportarse- borró de nuestra boca tan caballa expresión. Ahora decimos “quiosco”, pero cuando digo carrillo me vuelven de la memoria los olores a chicle bazooka y a regalí, el picorcillo que el sifón provocaba en mi boca infantil y el tacto de los tebeos viejos que cada semana cambiaba en otro carrillo, como el de Ramón.
    Gracias por estos recuerdos tan lindos y tan bien contados.
    Un beso y mis mejores deseos para tu hermano.

  6. alcoro dice:

    Soy nuevo lector tuyo. Voy leyendo todos los artículos (¿se dice así?)anteriores, y cuando llego a este descubro que tu padre es parte de mis recuerdos infantiles. Yo viví en San Daniel hasta los catorce años, e infinidad de veces he subido al carrillo de Ramón, donde se podía comprar siempre algo, aunque tuvieras tres pesetillas. Un abrazo muy fuerte a tu padre.

  7. Africa Puente Cristo dice:

    Gracias por el abrazo a mi padre alcoro, y bienvenido, a ti y a tu mujer que me leeis. Me han gustado mucho tus comentarios. Gracias.

  8. […] Tenía un kiosco que la gente llamaba carrillo, que es un referente para los taxistas y donde le van a dar una calle con su nombre. Un día me dijo que allí fue feliz. […]

  9. Fernando V. dice:

    Yo tambien recuerdo a Ramón. Tambien viví en San Daniel desde el 71 hasta el 85, así que imagina la de veces que le vi… Saludos del niño que fuí.

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