Cantar de la tierra mía…

medinaceli-traslado08-0621

 

Desde hace veinte años subo al Príncipe cada Lunes Santo, acompaño al Nazareno en su traslado sencillo. Sin músicas, ni tronos, con el calor de de miles de personas que le siguen en el camino.

La fe es como el amor, se siente o no se siente. Y como el amor nos envuelve de la forma más sutil y verdadera.

Subir allí, esperarlo, ir tras Él bajando la vaguada de eucaliptos mientras rezo, siempre rezo, soy creyente,  notar como las lágrimas me vienen a los ojos.
Me gusta su recorrido de barrios marginales. A lo mejor por eso siempre le sigo en ese camino:

 Llegar a Erquicia, con sus terribles antenas en las azoteas,  pasar por la Pantera, donde la ropa se luce descarada ante la procesión que avanza.

Seguir por Sidi Embarek, la Mezquita que curiosamente tiene en su alminar un nido de cigüeñas, el cementerio musulmán dejado al fondo. Los Rosales, con su laberíntica forma de barrio extraño. Y frente a la cárcel, mientras el Nazareno entra a liberar a un preso esperamos los fieles en el Poblado de Regulares.
Los balcones están llenos de chilabas…

Llegar a Haddu, donde la Iglesia nos recibe con redoble de campanas, y alguien canta una saeta. Mientras nos observan desde los cafetines con un té de hierbabuena.

Miro a la gente, descalza, cargando cruces, algunos con los ojos vendados, otros mascando chicles,  pipas  y palabras.

Delante los políticos, los que gestionan nuestro dinero y nuestro porvenir en Ceuta. Algunos dirigentes vecinales, que presiden el traslado…

Bajar la cuesta de Manzanera, donde otra Iglesia redoblará sus campanas en el saludo.

Me duelen los pies, la luna luce creciente y descarada. La primavera toca la tarde y va llenando la noche de colores. Los lirios se confunden con las túnicas, el violeta va creando una amalgama que el atardecer expande.

Llegamos al final, a su Casa de Hermandad. Allí aplausos, saetas, lluvia de pétalos…Con las piernas cansadas y la paz en el alma camino hacia mi casa.

Quizás os parezca extraño, pero soy contradictoria como esta ciudad que amo.

 

 

 

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One Response to Cantar de la tierra mía…

  1. […] olvidadas… Desde hace tiempo tengo una pasión y es acompañar al Medinaceli en su traslado. No deja de emocionarme la tarde, la luna, el paso del Nazareno por la Mezquita que en su alminar cobija nidos de cigüeñas, todo es mágico y […]

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