Uno de enero

brindis1

 

Día de resaca, la mayoría pasamos el día vegetando del sofá al ordenador, o simplemente a la cama. La tele repite viejas películas que  me ayudan a dormitar junto a mis gatas. Este año no he visto “Mujercitas”. Me encanta, hace casi treinta años que me gusta, de niña me imaginaba ser como Jo, la protagonista, con los años he aprendido que me gustaba tanto porque nos parecemos; al menos por la vena feminista y la pasión por la literatura, y ese ápice de arreglar el mundo que caracteriza a los espíritus románticos.

La cena de fin de año estuvo bien, con mis padres y mi hijo, me harté de cocinar platos que encajaran en los gustos de tres generaciones diferentes, al final acerté, me gusta cocinar, me gusta crear a partir de la verdura, los huevos, la carne y el pescado. Es una labor creativa que me ayuda a pensar mientras elaboro. Soy feliz entre pucheros, al igual que soy feliz entre las palabras. Hay muchas maneras de ser feliz y hacer felices a los otros, la cocina y las palabras son dos de ellas.

Para aquellos descreídos les aconsejo que lean “Afrodita” de Isabel Allende, que ahí te explica que cocinar es como hacer el amor: tienes que ir a fuego lento, con delicadeza y con pasión. Y con capacidad de crear y de explorar nuevos territorios.

Nos comimos las uvas y brindamos por el nuevo año, espero que sea mejor que el que se ha ido. Mi hijo con chaqueta y corbata y nervioso ante la noche de fiesta. Estaba guapísimo, ya sé que soy su madre, pero es muy guapo. Mis padres deseando acostarse después de las uvas, el brindis y la llamada de mi hermano.

Me fui a casa de una amiga, a tomarme una copa con ella y su familia, y se fueron sumando más: vinieron las hijas de Lilith a brindar por el nuevo año, los Diógenes del barrio y algún que otro hombre solo. Nos dieron las seis arreglando el mundo.

Hablamos de política, mis amigas no son de mi partido, del Islam, había varias musulmanas, de Gaza, de la crisis, de hombres y de amores, inevitable en una noche larga… de los hijos, de la soledad impuesta y la elegida, de la alegría de contar con una red de mujeres…

Llovía, llovía terriblemente sobre Ceuta, no hacía frío pero no dejaba de llover, quizás era una manera de lavar la casa ante el nuevo año. Estaba cómoda.

Y así empezamos un 2009 que espero que sea feliz, muy feliz, lleno y pleno a todos los que se asoman a mi blog y hacen que me sienta acompañada.

 

 

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