De fiesta

 

 

navidad

 

Pues anduvimos el 24 mis amigas, amigos y yo de bar en bar.

Qué me gusta andar de bar en bar. Cañas aquí, tapitas de ensaladilla, de caracoles, de jamón allá… el barbadillo, algún que otro rioja, el albariño, que una es muy española y multicultural para sus caldos… La calle era una fiesta, había gente en cada rincón donde sirvieran algo. A penas se cabía…

 Fuimos peregrinando de bar en bar hasta acabar en la Almadraba, donde en el local de la asociación de vecinos nos esperaba con las centollas más gordas que he visto y unos salmonetes que quitaban el “sentío”.

La gente cantaba y comía y bebía, cantaban villancicos de Ceuta, villancicos de pescadores de Ceuta, antiguos, marineros. Haciendo palmas me acordaba de los chicos de mi norte, es curioso, cuando el ceutismo tradicional me llena me acuerdo inevitablemente de ellos. Yo  les seguía el estribillo, otros con una botella de anís y una cuchara hacían música y las voces sonaban divinas, no sé si por el vino o por la euforia de la Navidad.

“A los boquerones,
a las caballas,
a cuatro jureles fresquitos del agua.

Si tu madre quiere yo voy a la plaza
Tu llevas el canasto y yo llevo el asa”

Rosa, una vecina de allí, sacó los roscos que hace su abuela y a mí me vino todo el sabor de la niñez de pronto. Qué roscos tan buenos, hechos así, en un lebrillo de barro esmaltado y a base de amasar.

La gente seguía cantando, todo era  alusiones al niño Jesús de pescadores que le llevaban presentes, casi siempre boquerones y caballas. Me gustó ese sentimiento marinero.

Me gustó retomar las raíces de cuando en Ceuta se cantaba por la calle y con una botella de anís y otra de coñac se festejaba la Navidad. Con los roscos y los pestiños del lebrillo.

Fui feliz y defendí la alegría compañero Caberna. Hacía levante y frente a esa playa donde te habrás bañado miles de veces las olas azotaban. Casi tapaban las peñas que conoces por sus nombres. Pero estaba guapa la mar, estaba brava, azulona y plateada en la espuma.

Después nos fuimos a casa a cenar en paz cada uno con los nuestros, a compartir el pan, el vino y la alegría y a felicitar al Niño por su cumpleaños.

 

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3 Responses to De fiesta

  1. Juan Salas dice:

    Yo salgo en la foto…

    Un saludoooooooooooooooo

  2. caberna dice:

    Gracias por el bonito recuerdo, África. Sí, ciertamente debía estar hermosa la playa, aquella cuyo salitre se me quedó impreso en el alma como una de aquellas estampitas de cuando era niño. Sé que el viento de levante le da a mi playa un sabor salvaje y un aspecto terrible… Pero eso la hace más bella a mis ojos, a mis recuerdos. Después vendrán esos días azules y amarillos radiantes, con sus tardes verdosas y húmedas y sus atardeceres naranjas primero, luego rojos y por fin violetas para acabar en negro. Y nos darán mil ocasiones para respirar hondo el aroma que Ceuta sabe fabricar y sabe contagiar. Claro, porque cada cosa tiene su punto y su momento, y ahora tocan los días levantosos de pelo húmedo que no hay quien peine y de sábanas que parece que no están secas.
    Muchas gracias por acordarte de mí en tu entrada. Me he emocionado leyendo tu bonita descripción de la navidad en la Almadraba. Allí, en su pequeña ermita canté muchas veces a la navidad, cuando era muy joven y aún creía… pero bueno, eso es otro tema. Lo importante es que esas gentes aún conservan sus tradicionales cánticos y su especial navidad. Eso es muy bonito y te alegra el alma, ¿verdad?
    Toda la felicidad del mundo te deseo en estos días.

  3. santiago dice:

    Donde remendaban las redes los pescadores, junto a la factoría de conservas, allí me encontré un ovillo de hilo de tejer el arte. Lo primero que se me ocurrió, fué construir una cometa de esas con aquél papel fino de varios colores y unas cañitas formando el armazón. Enseguida inició el vuelo aquella maravilla de la aeronáutica, el fuerte viento de poniente hacía que cada vez presionara mas y mas mis frágiles dedos, el artefacto solo era ahora un punto tembloroso en el cielo azul. Entre varios amiguitos éramos incapaces de sujetar el hilo que se tensaba como las cuerdas de una guitarra. El ovillo de iba deshaciendo entre nuestras manos rápidamente, la cometa apenas si se veía en el cielo, nos miramos, y comprendimos que había que soltar, a menos que nuestros dedos terminaran achicharrados por el roce. Al mismo tiempo que soltamos el hilo, dejó de verse el prodigio de la navegación aerea, desapareció de nuestra vista para siempre. Quizás el encuentro con una nube desharía sus finas alas, y el hilo encontraría al fín su destino, pero esta vez los peces jugarían con él, en lugar de ser su cautiverio.

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