En el taxi

 

Llovía  a mares esta tarde al salir del Centro de Salud, los elegantes tacones de las botas   me estaban destrozando los pies, he parado un taxi.

Normalmente me caen bien los taxistas, si son profesionales se quedan calladitos cuando es madrugada y no te apetece hablar, otros te cuentan sus penas, sobretodo en la campaña política. Todos votan al PSOE (eso me dicen) y se quejan de los impuestos de la Ciudad Autónoma.

Tengo a dos incondicionales que me adoran desde mi época de azafata, les impactaría en aquellos años la faldita estrecha y azul, y siguen mirándome de la misma forma. Les guardo cariño. Aunque sea porque paran en cuanto me ven cruzar la calle, y eso de “parar la circulación” nos gusta a casi todas las mujeres.

Así que hoy he llamado a  un taxi, la lluvia y los tacones lo han catalizado,  y al entrar me ha llamado “la Presley”: es un hombre que conozco desde que era niña, eso dice él, y yo lo creo puesto que tiene mi edad,  se crió en mi barrio y conoce toda mi genealogía.

Me ha dicho que me llama asi por la gabardina, teniendo en cuenta que llueve ya me dirás, por las botas y las gafas. Entonces me he reído y le he comentado que ya quisiera tener la cintura de ella. Mal hecho,  lo sé, si no quieres conversación mejor sonreír y nada más. Y se ha puesto a explicarme las miles de operaciones que lleva Isabelita, y lo poco hermosa que son las mujeres de la prensa rosa. Yo no le he dicho que no me importa, que me da igual, que lo único que sé de Isabel es lo de las losetas y los bombones, y su último marido porque era del PSOE.

Totalmente perdida me ha contado que las filipinas son en su mayoría prostitutas, al igual que las cubanas. Que lo llevan en la sangre. Que les gusta ganar dinero. Y me ha hecho un estudio económico de lo que llegan a  ganar “esas mujeres” Muerta de indignación le he dicho que es la pobreza muchas veces lo que lleva a prostituirse. A punto estaba de sacar mi vena feminista activista de verdad y darle la charla cuando me comenta que el anduvo en Benidorm y se prostituyó durante cinco años.

No lo entiendo. No que se prostituya sino que paguen por él.

Y me cuenta sus ingresos de entonces, las depravaciones de muchas mujeres y de muchos hombres  y lo generosa que ha sido la naturaleza con su apéndice masculino.

He puesto carita de póquer, pensando que el ser humano no deja de sorprenderme.

Al llegar a casa le he pagado la carrera. Por supuesto no le he dejado propina.

 

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One Response to En el taxi

  1. Milano dice:

    …hay gente transparente, como este menda. Seguro que esto no se lo cuenta a cualquiera, que selecciona a su oyente…

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